
outra adquisición máis... procesador de efectos...para distorsionar a realidade.
"Non sei si existe a inspiración, pero por si acaso, que me colla traballando"- Pablo Picasso
En Grabación e edición temos a pinta e a valdemora, e dicen por ahí que se parecen moito a unhas primas súas que salen a veces en televisión, bueno, o de traballar no audiovisual está claro que lles ven de familia.

O encargado da parte de Mezcla é Teddy, pero aquí todo o mundo o coñece como Pimpín. Avalado por anos de experiencia e un oído audaz e cristalino.

Non me cabe na táboa dos pedales analóxicos, asi que a poño á dereita destes...evidentemente si a levo, os pedales Wah e de volumen analóxicos quedan na casa.
Sempre me gustou moito o acordeón, pero dende esta noite inda máis.
Coa a súa PRS signature.
vista panorámica do estadio de Brianteo.
O feeling ó que nos ten acostumados Marty Friedman é algo que pertence ó seu estilo.
Curiosa reflexión que atopei nunha web, dunha rapaza polaca que decide facerse vexetariana, e non deixa de facerse as mesmas preguntas e sentirse igual de rara que as demáis persoas que non comen carne.
Cuando una mañana de abril, viendo unas fotos de los pollos criados en factoría, decidí hacerme vegetariana la mayoría de las personas que me conocían, sabedoras de mi obsoleta gran pasión por el consumo de carne y de todo el universo relacional generado alrededor de ello, se mosquearon; vaticinando que duraría poco, y no dando importancia de mi postura, me insultaron. Lo cual me indignó, pero también me tranquilizó dado lo fácil que me había resultado enfrentarme a mi misma atribuyéndole a la razón un peso más sólido que a la educación y la costumbre.
Hacerme vegetariana fue, como digo, una clara postura ética de "yo no participo", además de las otras ventajas que tiene; y en base a ese criterio, fui discreta a la hora de enarbolar argumentos en pro de mi postura, sencillamente me limitaba a comer sólo vegetales. Pese a lo cual no pasa día que las mentadas personas me recuerden que "un día fui", aunque ya no sea. El peso de la culpa. El famoso peso de la culpa. Aunque ya mis defensas no sean que "quién mejor que yo para saber lo que me pierdo", las delicias de los miembros seccionados en mi plato, los órganos cocidos... Si acaso, en un supuesto, jamás hubiera yo probado la carne, también me dirían que "qué se yo acerca de lo que me pierdo". Respuestas ridículas las hay a montones.
Para quienes llevar o dejar de llevar a cabo el culto gastronómico del consumo de cárnicos, supone una toma de conciencia o un posicionamiento vital, evidentemente también les supone una carga o descarga de conciencia ética. Quiero decir que, incluso las más acérrimas carnívoras y piscívoras , las que defienden a ultranza este modo de vida, lo hacen, en cierto manera, intuyendo tal vez en ello una incorrección. Me explico.
Pero no quiero establecer un debate acerca de morbo o exponer la problemática ética de la antropofagia, pretendía solamente acentuar la disposición social hacia la satisfacción y el hedonismo. Cuanto más oprimidos nos encontramos por las reglamentaciones y los dispositivos sociales, tanto más nos arrojamos a la exigencia de nuestro derecho y nuestro deber de carpe diem, de gozar la "vida loca" y de bautizarnos con el título de "amas y señoras" del mundo, y aún del universo, porque ya es sabido que "ser humano" es sinónimo de vanidad. Es tal nuestro amor por nosotras que ya ni siquiera nos importa si la carne y el pez provocan infartos, invitan a los tumores o acumulan mercurio en nuestro cuerpo, porque nos compensa arrojarnos ciegamente al placer inmediato de saborear un pedazo de carroña convenientemente guarnicionado. El ser humano es, además, tremendamente resistente a la razón y notablemente impermeable a la lógica y a la sensibilidad.
Para las amantes de las cifras se ha calculado que necesitaríamos dos planetas y medio para satisfacer nuestras ansias de complacencia de un modo "sostenible". Habida cuenta que sólo "poseemos" uno, su fin está más que garantizado. Incluso las más compulsas homocéntricas deberían comprender qué tipo de legado dejamos en herencia a las generaciones venideras. Somos un cáncer que se extiende profunda y dolorosamente en su irreflexión.